4 síntomas que indican que tu presente profesional está acabado

Trabajo + rutina + no disfrute = ¡bienvenida desmotivación!

Hoy en día es común que la vorágine cotidiana nos acelere. Mientras desayunamos ya estamos pensando si habrá mucho tráfico y llegaremos tarde al trabajo. Y más tarde en el trabajo, pensamos en algún pendiente que tenemos para hacer en casa y si al volver nos dará el tiempo. ¿Te suena?

Deberíamos concentrarnos en la acción que realizamos en ese momento exacto, no obstante tenemos el foco en el después. Y esto muchas veces influye en que luego no estemos conformes con los resultados. ¿Pero que pretendemos si no estamos concentrados en la acción que estamos realizando en el momento presente?

Además de tener parte de nuestra atención en el futuro, no olvidemos las RRSS y buzones de correos, con sus benditas notificaciones generando distracción permanente.

Muchas veces tenemos síntomas que nos están haciendo las veces de “alarma interna”, pero claro con tanta dispersión ni nos enteramos.

Es por eso que me decidí a escribir sobre este tema. Porque muchas veces tenemos síntomas que no entendemos, y de los que sólo sabemos que nos están haciendo pasar malos momentos. Es fundamental poder identificarlos y entender qué quieren mostrarnos o evidenciarnos. Porque si bien el síntoma a priori pareciera ser algo “negativo”, tiene una intención positiva detrás, nos quiere alertar sobre algo que no estamos viendo.

Habiendo aclarado esto: ¡síntomas allá vamos!

 

1) Odiar los lunes

Este es un síntoma muy escuchado y bastante frecuente, empieza lentamente pero va en aumento. Comienza como un leve mal estar el domingo por la noche, parecido al desgano, que se acentúa cuando recordamos que al otro día empieza la semana laboral.

Luego este leve mal estar comienza a ir en aumento, hasta el punto en que el desgano raya la «depresión dominguera”. En casos extremos, conozco personas que han llegado a sentirse muy mal, por ejemplo con palpitaciones, fuertes dolores de cabeza o incluso hasta bajones de presión y desmayos.

Ya ves, como te dije en un comienzo, los síntomas comienzan siendo leves, pero al no escucharlos van levantando el volumen cada vez más.

Incluso hay personas que pasan de no enfermarse casi nunca, a enfermarse cada vez con mayor frecuencia. Gripes, anginas, algún problema estomacal, no se trata de enfermedades graves, sino de pequeños avisos. Todo esto está sucediendo porque el cuerpo está tratando de enviar un mensaje.

 

2) Tener cero ganas de comenzar el día

Este síntoma va un poco de la mano del anterior, pero ocurre tooodas las mañanas. Suena el despertador y te genera una mezcla de violencia por ese bendito aparato que no deja de sonar, y mal humor por las pocas ganas que tenes de salir de la cama.

Y una vez que ya te levantaste, encaras el día como una seguidilla de rutinas estructuradas. Desde desayunar y viajar al trabajo, a todo lo que sigue después. Llegar, saludar, el segundo café en la oficina, prender la computadora y toda la lista interminable de tareas concatenadas.

Sentir que se vive una rutina permanente genera una falta total de disfrute en lo que al trabajo se refiere. Obviamente no es que el disfrute quedó desterrado de nuestras vidas, sino que puntualmente ha sido desterrado del trabajo. Dejamos el disfrute exclusivamente para los fines de semana y las pocas horas que tenemos diariamente al salir del trabajo.

Trabajo + rutina + no disfrute = ¡bienvenida desmotivación!

Sentir que se vive una rutina permanente genera una falta total de disfrute en lo que al trabajo se refiere.

 

3) Sentir que tienes un empleo “básico”

Una característica de este síntoma es sentir que ya no encuentras ningún desafío en tu día a día. Que hasta las tareas o situaciones más difíciles o de conflicto, las puedes resolver con facilidad. Además, también sientes con frecuencia que ya no estás aprendiendo nada nuevo desde hace rato.

Recuerdas los primeros tiempos en ese mismo puesto cuando casi todo te resultaba un reto. Hasta sentías adrenalina y te concentrabas con ilusión en cada cosa que hacías. Es más, existía el “temor a equivocarte”.

Hoy sientes que estás en la vereda opuesta, y haces casi todo desde la indiferencia. Con responsabilidad y la mejor entrega posible, pero la indiferencia de saber que eso que estás haciendo, es lo mismo que hiciste ayer y será un calco de lo que harás mañana.

 

4) No encontrarle sentido al trabajo 

¿Qué quiere decir esto? Simplemente que el trabajo que estás realizando en tu día a día, ya no te está aportando sentido en lo personal / profesional. Trabajamos para cobrar un sueldo con el cual tener una buena calidad de vida, eso está claro. Pero más allá del sueldo o salario, el trabajo debería aportarnos sentido en lo personal.

Muchas veces, esta falta de sentido tiene que ver con que no hay puntos de conexión entre tus gustos, intereses y habilidades, con las actividades que realizas dentro de tu puesto de trabajo. Esto conecta de forma directa con la Identidad Profesional, ya que posiblemente no esté en coherencia con el puesto que se desempeña.

Esto es muy común entre las personas que van a trabajar pero no les gusta para nada lo que hacen. Por ejemplo es muy notorio en los empleados que se dedican a la atención al cliente. Suelen ser aquellos que generalmente atienden a desgano o incluso hasta mal tratan al público.

 

 

Que tu presente laboral esté acabado no significa exclusivamente que tengas que renunciar a tu empleo. Sino que necesitas hacer algún cambio.

Por ejemplo, comenzar analizando cuáles y cómo son las tareas que se realizan diariamente. Y luego (según las conclusiones a las que se haya arribado), pedir a los superiores más responsabilidades, un cambio de tareas, o proponer intercambiar el puesto con el de algún compañero que se encuentre en la misma situación.

Si ninguna alternativa revierte estos 4 síntomas, entonces sí cabría plantearse un cambio absoluto. Desde un pase hacia otra área de la empresa, hasta evaluar propuestas en línea con tu Identidad Profesional en otra empresa u otro lugar.

Las posibilidades son infinitas, lo importante es que aprendas a escuchar tus necesidades y a realizar una autoevaluación. Una vez que tengas en claro qué necesitas o quieres, será el momento de ponerte en marcha e implementar los cambios que te generen nuevamente entusiasmo, motivación, desafío y disfrute.

Si sientes que te está pasando todo esto, toma en cuenta que no puedes seguir en piloto automático de forma indefinida.

Lo fundamental es que puedas decidir sobre tu futuro mientras tengas tiempo, y sin apuro. No esperes a que la situación sea crítica, porque llegado este punto…. ¡Puede que alguien decida por vos!

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