Zona de confort

Zona de confort: más conocida como “mi trabajo me aburre”

Últimamente escuchamos hablar mucho sobre la zona de confort. De hecho si me sigues en las RRSS sabrás que con frecuencia la menciono.

A veces doy por sentado que todos saben qué es, probablemente porque tan solo su nombre nos da una pista bastante clara sobre el tema. Pero hay algunos aspectos que no son comúnmente conocidos y que vale la pena entender, porque son de utilidad para poder salir de una situación de estancamiento laboral o personal.

Si hacemos un paralelismo con nuestra casa, la zona de confort podría ser tranquilamente nuestra cama cuando suena el despertador por la mañana. Estamos cómodas, calentitas y nos da pereza movernos, pero sabemos que más tarde o más temprano tendremos que salir de allí porque nos esperan muchas cosas por delante para ese día.

También es posible que estés pensando que si te encuentras a gusto en la zona de confort, ¿para qué deberías salir de allí?  Así que comencemos por el principio y aprendamos un poco más sobre este famoso lugar.

¿Qué es concretamente la zona de confort?

El concepto zona de confort tiene (increíblemente) más de 100 años de antigüedad. Como muy probablemente ya sepas, no se trata de un lugar físico, sino de un estado psicológico.

Cuando estamos en nuestra zona de confort básicamente nos sentimos cómodas, seguras y confortables (como el propio concepto lo indica). Es decir que “pisamos terreno seguro”, porque estamos en un espacio que conocemos de punta a punta y donde creemos que controlamos casi todo. Por tanto estamos muy lejos de experimentar ansiedad o incertidumbre.

Un buen ejemplo sería el camino que haces a diario para ir a tu trabajo. Lo sigues casi de memoria, no hay sorpresas, no te genera incertidumbre cuánto tardarás en llegar o qué recorrido debes realizar. Conoces el camino y sabes (incluso) cuáles pueden ser los inconvenientes que se podrían presentar y la demora que eso ocasionaría.

Esa misma zona de confort que nos crea rutinas o hábitos, también afecta nuestra forma de pensar y de relacionarnos. Eso es lo que a veces nos lleva a evitar charlas que nos incomodan, o a tomar ciertos riesgos. Nuestra mente tiende a llevarnos siempre hacia un terreno seguro y conocido, donde “todo lo domina” (o al menos, eso cree ella).

Es importante que sepas que hay tres zonas: zona de pánico, de crecimiento, y la ya conocida: de confort.

Si bien es cierto que cuando estamos en la zona de confort conseguimos un desempeño estable en lo que hacemos, mejorarlo depende de que salgamos de nuestra zona de confort y nos adentremos en la de crecimiento. Es donde conseguiremos aprender, dar lo mejor de nosotras, encontrar nuevos desafíos y desarrollarnos aún más. Por supuesto, adentrarnos en esta zona significará también experimentar cierta ansiedad e incertidumbre, porque estamos pisando terreno desconocido.

Ahora bien, debemos tener cuidado de expandirnos hacia la zona de crecimiento sin llegar a la de pánico. Dado que si el nivel de ansiedad sobrepasa el aceptable, caeremos en parálisis y temor excesivo. Sentiremos que no tenemos control de lo que sucede a nuestro alrededor y eso nos llevará de nuevo a la zona de confort, porque prevalecerá la necesidad de volver a nuestro espacio seguro.

¿Por qué debería moverme si estoy cómoda?

Es muy posible que ahora que sabes que salir de tu zona de confort conlleva el riesgo de no caer en la de pánico, te estés preguntando si realmente deberías moverte. Después de todo, donde estás, ¡estás bien!

Así que para ayudarte a que lo decidas, te voy a contar algunas buenas razones:

  • Mejora tu resiliencia: salir de tu zona de confort potenciará tu capacidad de adaptación a los cambios, ya que sabrás enfrentarte a la adversidad y a los imprevistos.
  • Mantiene tu mente activa: como es bien conocido, hacer algo a diario que nos saque de nuestros hábitos ayuda a conservar y mejorar las capacidades cognitivas.
  • Mejora tu autoestima: cada vez que alcanzamos un objetivo ambicioso o superamos un riesgo, nos empoderamos. Nos sentimos más seguras y confiadas de nuestras capacidades y esto mejora nuestra autoestima.
  • Tus límites serán cada vez más amplios: una vez que ponemos un pie fuera de nuestra zona de confort, ésta se amplía.
  • Potenciarás la creatividad: adquirir nuevos conocimientos y experimentar nuevas situaciones nos aportará grandes descubrimientos que enriquecerán nuestra creatividad, la generación de ideas y la apertura hacia otros enfoques.
  • Aporta sentido a tu vida: hay momentos de nuestras vidas en que sentimos un gran vacío y falta de sentido. Salir de nuestra zona de confort nos pone en movimiento y nos genera tanto entusiasmo y adrenalina, que encontramos un propósito a nuestro día a día.
  • Mejora tu productividad: la zona de confort tiende a estancarnos, dado que cuando llevamos tiempo haciendo lo mismo tendemos a hacer lo mínimo indispensable. Así que salir de allí nos garantiza la motivación necesaria para “hacer más y mejor”.

Conclusiones: ¿me quedo o me voy?

Sin dudas es agradable permanecer en la zona de confort, nos hace sentir que “todo está bajo control”, nos provee seguridad. Pero la realidad es que cuando permanecemos más tiempo del conveniente, con el tiempo empezamos a sentir un vacío. La falta de sentido y de motivación nos hará sentir estancadas, aburridas y cansadas de nuestra vida.

Sentirás que no debes moverte y te repetirás “estoy bien donde estoy”. No obstante, escucharás una vocecita que no dejará de susurrarte preguntando si realmente estás tan bien como crees.

Entonces, ¿me quedo o me voy? Si esperabas que yo te diera la respuesta te voy a desilusionar. Sí. Porque sólo vos podrás contestar esa pregunta.

Como todo en la vida, el equilibrio es esencial, así que no es conveniente estar permanentemente en la zona de confort, pero tampoco fuera de ella.

 

Internamente, en lo profundo de tu corazón, sabes con certeza si es momento de quedarte o de dar el salto y tomar riesgos.

Deberás encontrar tu propio equilibrio entre salir de la zona que te mantiene estancada y aburrida, sin dar un salto mortal. Tomar los riesgos justos que te permitan volar sin lastimarte en el proceso.

Así que te toca decidir… ¿te quedas o te vas? 

Te espero en [email protected] por cualquier consulta.

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